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Entre los muchos valores de la santería, la
posesión de un vocabulario propio es, sin duda,
uno de los más trascendentes. Lo que caracteriza
la profundidad y el arraigo de las formas de cultura
popular, es la palabra, la posesión de una expresión
propia, de un vocabulario genuino, elaborado a partir
de las mismas raíces espontáneas que el
conjunto formal. La existencia de un vocabulario propio
evidencia el vigor de una forma cultural, la pureza
de su origen, y su implantación social.
La santería se incluye en ese grupo por propia
naturaleza. Cuenta con un rico vocabulario, consecuencia
natural de la enorme fuerza intrínseca y la solidez
de su implantación en el grupo humano donde se
produce: la comunidad lucentina.
Ahondar en el conocimiento de este vocabulario propio,
cultivarlo adecuadamente para impedir que el desuso
lo deteriore y menoscabe, y enriquecerlo en el manejo
cotidiano es tarea que deben acometer sin desmayo y
con el mejor empeño las jóvenes generaciones
de santeros, o sea, de lucentinos.
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