A seis kilómetros de Lucena, en la cima de la Sierra de Aras, entrada del parque natural de las Sierras Subbéticas, se alza a 863 metros de altitud el Santuario de María Santísima de Araceli. Tierras de cinco provincias y más de treinta pueblos se brindan a los ojos del visitante desde este balcón privilegiado de la naturaleza en el centro geográfico de Andalucía. Uno de los más bellos paisajes españoles, en palabras de don Camilo José Cela.
El Santuario consta de dos partes: templo y antigua hospedería. Una escalinata conduce desde la explanada exterior hasta la iglesia, cuya sencilla fachada de piedra tiene tres arcos de medio punto y una espadaña angular. Estos elementos fueron realizados por los canteros Juan Navajas y Toribio de Bada en el siglo XVIII. Aunque el aspecto interior del templo es barroco, su inicio data del año 1600, debido al aumento de la devoción y las peregrinaciones que en aquellos años ya recibía la Virgen de Araceli. La iglesia es de planta basilical con tres naves cubiertas con bóveda de cañón. La central está decorada con motivos barrocos y está separada de las laterales mediante arcos que descansan sobre columnas dóricas, realizadas con jaspe de la propia Sierra de Aras. Destacan en el templo la reja de bronce de fundición, realizada por el artesano local Antonio García en 1746 y la cúpula semiesférica decorada de yeserías, obra del artista Antonio de Rivera en 1722. El retablo mayor, de madera tallada y policromada fue realizado en 1695 bajo la dirección del maestro Acisclo Manuel Muñoz y en él destacan las dos magníficas columnas con pámpanos que enmarcan la embocadura del camarín. Los retablos laterales, del siglo XVIII, son de estilo barroco y están dedicados a San José, a Santa Bárbara, a Nuestra Señora del Rosario y a la Virgen del Sol. Dos buenos lienzos con sus marcos tallados, obra dieciochesca de Leonardo Antonio de Castro ennoblecen el presbiterio de la Madre Dulce y Buena. Pinturas, exvotos, cornucopias y ángeles engalanan las paredes del antecamarín, para dar paso a la eclosión de los sentidos que los artistas de los siglos XVII y XVIII compusieron para dar culto a Araceli: Altar del Cielo. Dentro del camarín, repleto de reliquias, destaca el trono de talla de Pedro de Mena y Gutiérrez, la cúpula de bellísimos ángeles músicos de Leonardo Antonio de Castro y las pinturas de los muros, realizadas por el pintor levantino Tomás Ferrer en 1762.
La salida del camarín conduce a la tienda de recuerdos aracelitanos, instalada en el lugar de la antigua hospedería, donde se conserva una lápida votiva, bulas y privilegios de los hermanos de Nuestra Señora de Araceli. Posee el Santuario una zona de merenderos en dos terrazas, varios lugares de descanso, una sala de recepción de peregrinos dotada de audiovisual, salón de arcos para celebraciones, las antiguas atarazanas restauradas y un típico mesón donde se puede degustar la magnífica gastronomía serrana. Tres cruces, como final del Vía-Crucis que bordea el camino de subida, se recortan sobre los horizontes de los feraces campos de Andalucía. La Sierra de Aras es un lugar extraordinario para realizar actividades deportivas como senderismo o parapente, y su interés paisajístico es impresionante.
En 1562 don Luis Fernández de Córdova y Pacheco, trajo desde Roma la imagen bendita de la Virgen de Araceli. Según la tradición una terrible tormenta dispersó a la comitiva del Marqués de Comares en el camino viejo de Granada. Al día siguiente fue hallado el animal que portaba una caja con la imagen de Nuestra Señora, sobre la cumbre de la cercana Sierra de Aras. Este hecho, interpretado como un designio divino, dio origen a la construcción de una primitiva ermita para dar culto a la Virgen. Al año siguiente ya se celebraron fiestas en su honor, las primeras Fiestas Aracelitanas, con el paso del tiempo las fiestas patronales, cívico-religiosas de Lucena, declaradas en 2009 de interés turístico nacional. Desde el penúltimo domingo de abril, fecha de la Romería de Bajada hasta el primer domingo de junio, en que se realiza la Romería de Subida, la Virgen de Araceli permanece en el templo de San Mateo. Allí se realizan multitud de actos: Ofrenda de Flores, Pregón, Besamanos, y especialmente los cultos en torno al primer domingo de mayo, que es el Día de la Virgen. Ese día se celebran la solemnísima Función Religiosa y Procesión que culmina con una fantástica colección de fuegos artificiales. La celebración con pólvora y fuegos consta ya en recibos de gastos de fiesta desde 1697. La Virgen de Araceli es portada a hombros por treinta y seis santeros, que llevan el trono al ritmo marcado por los tambores. La música, la flor, la orfebrería, las promesas, las mantillas, forman un arco iris de devoción y tradición en torno a la Patrona de Lucena y del Campo Andaluz.
En 1948 se celebraron grandes fiestas en honor de la Santísima Virgen porque el 2 de mayo de ese año, por mandato de su santidad Pío XII, fue coronada canónicamente la imagen de la Virgen por el cardenal Segura.
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