MAESTROS DEL BARROCO LUCENTINO (tallistas)

LEONARDO ANTONIO DE CASTRO HURTADO
Leonardo Antonio de Castro había nacido en Lucena el 12 de noviembre de 1656. Recibió las enseñanzas de pintura de D. Bernabé Ximénez de Illescas y las de la talla de Luis Sánchez de la Cruz. No se tienen noticias documentales de él hasta 1696 en que aparece como testigo del contrato del retablo mayor de San Francisco de Asís y posiblemente, el tracista del mismo.
En 1689, para la cofradía de Nuestra Señora de la O pinta la demanda de plata del santero. Años más tarde, hacia 1694, tenemos noticias de que pintó para la naciente cofradía de la Aurora una imagen de Nuestra Señora que sería titular de ella. Por estas fechas su acción ya se extendía a otros campos fuera del pictórico; así, en 1699, Castro está ya en tratos con la hermandad de Araceli para dorar el retablo de la Virgen; aunque no llegará a realizar esta obra, sí pintó y doró el camarín, lo que se deduce por un memorial que elevó solicitando el pago de sus servicios. En 1705, comienza la obra del retablo de jaspes de la capilla mayor de San Pedro Mártir de Lucena; el cual debería tener terminado en tres años; pasados los mismos, en 1708, por una escritura de distrato, Castro se desliga de la obra de este retablo cuando todavía debería estar mediado. Ya no tenemos noticia de él hasta 1715, año en que traza las dos portadas de la iglesia del Colegio de la Concepción.

"En el año 1722, proyecta la decoración de la Ermita de Nuestra Señora de Araceli [...] concierta la hechura de dos marcos de talla para ella con el dorador Aguilar, y con Francisco José Guerrero y Antonio Ribera concierta las yeserías de la bóveda, arcos, pechinas y pilastras del altar mayor [...] En 1724 enferma [...] y dicta el primero de sus testamentos [...] mas se repone pronto y pasa ya a la iglesia de San Mateo de colector de misas [...], nos dice Ramírez de Luque en sus "Tardes divertidas...".

Debió gozar de gran predicamento en la región; así, en septiembre de 1728, lo encontramos citado en el contrato entre la cofradía de la Concepción, sita en el convento de San Francisco de Asís, y Diego Ramos para la obra del retablo de esta cofradía: tanto el retablo como las esculturas deberían tener, una vez terminadas, la aprobación de Castro: "aprobación de D. Leonardo Antonio de Castro presbítero y profesor del arte de la pintura".

En 1735 vuelve a enfermar y testamentó, pero nuevamente se repone y vuelve al trabajo. Ahora se va a encargar de lo que será su obra maestra: la capilla del Sagrario de la cofradía del Santísimo Sacramento; en 1740 comienzan las obras, encargándose de la traza de dicha capilla. A pesar de que se entrega activamente, no podrá ver terminada su obra máxima: en septiembre de 1745 dicta su último testamento por el que deja todos sus bienes para costear las obras del Sagrario de San Mateo. A los pocos días de redactar aquel, murió en Lucena Leonardo Antonio de Castro, rodeado de la estima de sus conciudadanos y gozando de gran fama en la región.
FRANCISCO JOSÉ GUERRERO

Era natural de Granada, desconociéndose la fecha de su nacimiento, aunque debió nacer a finales del XVII. Gallego Burín lo cree probable descendiente de la familia del retablista granadino Gaspar Guerrero. Muy pronto debió trasladarse a Lucena donde abrió taller.
En los primeros años del XVIII ya aparece trabajando en Lucena, en el retablo y camarín de Nuestra Señora de la O, que se hizo entre 1719 y 1725; este sería un retablo de un cuerpo y remate, con tres calles, sobre un banco de piedra jaspe; pero no llegaría a terminarlo ya que en 1722 se compromete con la cofradía de Araceli para tallar junto con Antonio de Ribera las yeserías de la bóveda del presbiterio de la ermita; mas una vez comenzadas las obras surgieron dificultades con la cofradía porque parece ser que Guerrero se apartó de la línea que se había estipulado en el contrato, continuando estas disputas con el Concejo por algún tiempo. En 1724 realiza para la cofradía de la Pasión de Cristo, sita en el convento de San Francisco de Asís, dos andas con sus repisas talladas y con los ángeles que correspondan a dichas andas para las imágenes de esta cofradía.

Por estas fechas su posición debería esta consolidada en Lucena y sus alrededores. Numerosas escrituras nos lo muestran ocupado en negocios propios de la ciudad de Lucena, muy especialmente en los años treinta. Es precisamente por estos años, en junio de 1730, cuando entra en contacto con el convento de Agustinas de Lucena para tratar del retablo mayor de su iglesia, en el que va a intervenir como autor de la traza y como fiador de Martín de los Reyes, que será quien lo ejecute.

En los años siguientes, siendo General de la Orden de San Juan de Dios el lucentino Fray Alonso de Jesús y Ortega, Guerrero trabajó activamente para la Orden Hospitalaria. Primeramente en Granada en la basílica dedicada al Santo Fundador, cuyas obras tuvieron lugar de 1734 a 1757, encargándosele los siete retablos, el púlpito, el cancel y el coro, resultando uno de los mejores interiores del rococó hispano. Volverá a Lucena a trabajar en la nueva iglesia y convento que el P. Ortega decidió se levantara; trabajaría Guerrero en los retablos de esta iglesia de 1751 a 1754, probablemente con el mismo equipo de tallistas que había tenido en Granada; continuando posteriormente en Antequera, también en los retablos de San Juan de Dios.

Como un paréntesis dentro de su labor para los Hospitalarios, se encuentra su trabajo en Carcabuey, en 1757, localidad cercana a Priego, en donde realizó dos retablos: uno en la antigua iglesia de San José y otro para la cofradía de la Aurora: el retablo de la Virgen, de pequeñas dimensiones, pudiendo asimismo haber intervenido en la construcción del retablo de la Aurora de Lucena, que se realizó entre 1756 y 1759. En 1758 lo encontramos en Lucena, interviniendo como testigo en el contrato del retablo del Cristo de la Misericordia, hecho por Pedro de Mena.

Pocas noticias tenemos sobre los últimos años de su vida. Pudo haber intervenido en la ejecución de los retablos de la iglesia de San Juan de Priego. Se desconoce la fecha de su fallecimiento, aunque debió ocurrir ya avanzada la segunda mitad del siglo, siendo enterrado con toda probabilidad en una capilla del convento de San Francisco de Asís de Lucena que había sido concedida en 1733 como enterramiento del artista y su familia.

PEDRO DE MENA GUTIÉRREZ
Nació en Lucena a principios del siglo XVIII. Poco sabemos sobre sus primeros años y nada sobre su formación. La crónica de la época nos lo presenta como "diestrísimo dibujante, excelente escultor y retablista."
Las primeras noticias sobre su trabajo son del año 1743 y nos lo presentan trabajando en Lucena para la cofradía de la O, con la que se obliga a hacer las yeserías del camarín de la Virgen. Es también a mediados de este año cuando se compromete con la Orden Tercera de San Francisco Solano de Montilla para hacer su retablo.
Nuevamente quedamos sin noticias hasta 1758; en este año y en el siguiente va a trabajar en la capilla del Cristo de la Misericordia de Lucena, haciendo el retablo del Cristo y dos imágenes para dos nichos laterales.
Es a partir de este año cuando empezamos a tener constancia de su intervención en la capilla del Sagrario de Lucena; primeramente en la ejecución de las yeserías, en las que trabajó conjuntamente con el dorador lucentino Francisco Ximénez, que se encargó del dorado y pintura. Después será en la talla de las Siete Virtudes que adornaban exteriormente el primer cuerpo de este Sagrario.
Los encargos se iban a ir sucediendo tanto en Lucena como en la comarca. En 1759 talló el trono nuevo de la Virgen de Araceli, dentro de las obras de reforma que se llevaban a cabo en el Santuario. Más tarde, en 1762, fue a trabajar a La Rambla para la cofradía del Santísimo Sacramento de esta localidad, encargándose de la solería y la repisa de jaspe, así como de las yeserías de esta Capilla. Otra obra suya la tenemos en Puente Genil, donde en 1764, para el altar de San Miguel de la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación talló la imagen del titular.

Será a finales de 1765 o principios de 1766 cuando vuelva de nuevo a trabajar en el Sagrario de Lucena, encargándose esta vez de la talla del magnífico tabernáculo, así como de las imágenes que lo adornan, obra que aún no había terminado en 1767. Casi al mismo tiempo que trabaja en el Sagrario va a realizar un pequeño encargo para la cofradía de la concepción efectuando el traslado del retablo de la iglesia nueva a la vieja en el mismo Puente Genil.

Cuatro años más tarde, en 1771, contrata lo que va a ser una de sus mejores obras: el camarín de Nuestra Señora del Rosario de Montilla. El artista se obligó con la cofradía como "maestro de arquitectura y tallista" a labrar toda "la fábrica del camarín [...] de talla, escultura y cristales [...], las puertas del Camarín, ventana y Archivo..." así como cuatro imágenes San José, San Joaquín, Santa Ana y Santa Isabel que servirían para adornar los rincones de aquel. La obra se ajustó en 15000 reales de vellón, pero parece que su cobro fue laborioso para el artista.

Su última obra conocida es del año 1774; Mena vuelve a trabajar nuevamente para la cofradía de la O en Lucena, esta vez en el retablo de San José en esta ermita. Después del 74 no conocemos ninguna obra suya; no obstante, hay que pensar que continuara su trabajo debido a que su buen hacer era de sobra conocido en la comarca. Pedro de Mena y Gutiérrez murió en Lucena en mayo de 1794, sin hacer testamento, siendo enterrado en San Francisco de Asís.



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