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Nació en Lucena hacia 1563. Su padre fue nombrado
jurado de la ciudad de Antequera, adonde a los pocos
años de nacer Antonio se trasladó con
toda su familia. Como había demostrado desde
niño grandes disposiciones para la pintura, su
padre envió a Antonio Mohedano a Córdoba
para formarse al lado de Pablo de Céspedes, quien
recién llegado de Roma y después de tomar
posesión de su prebenda en la catedral, estableció
una escuela de pintura. El primer discípulo que
recibió fue Antonio Mohedano de la Gutierra.
Hacia 1582 vuelve Céspedes a Roma, donde permanecerá
tres años, encargado de la dirección del
taller a su amigo del pintor César Arbasia, que
había venido con él de tierras italianas.
A su vuelta de Roma en 1585, Céspedes comprobó
que sus discípulos habían adelantado con
provecho, sobre todo Antonio Mohedano, que se había
convertido en Córdoba en un pintor de prestigio,
contribuyendo a la decoración de la nave de la
capilla del Sagrario de la Catedral junto a César
Arbasia, aprendiendo la técnica de la pintura
al fresco, con la que realizó un apostolado para
la iglesia conventual de Santa Ana, de Lucena, que desapareció
en 1940, aproximadamente.
Pablo de Céspedes puso en contacto a Mohedano
con la escuela sevillana y, sobre todo, con Francisco
Pacheco, suegro de Velázquez y gran amigo del
maestro cordobés. El pintor lucentino frecuentó
el taller de Pacheco, comenzando a recibir encargos
importantes en Sevilla: claustro grande del convento
de San Francisco; pinturas del salón grande de
actos públicos del palacio arzobispal, ambiciosa
decoración compuesta de veinticuatro lienzos,
además de otras obras, resueltas todas con influencias
estéticas de Céspedes y Arbasia, aunque
adaptó a su repertorio las influencias venecianas,
boloñesas y lombardas. A pesar de esta gran labor
en Sevilla y en alguna localidad próxima, como
Utrera, Mohedano reparte sus quehaceres con Antequera,
donde se convierte en el pintor oficial de varias iglesias
de la ciudad, como la colegiata, el convento de Capuchinos
y la iglesia de San Juan. Alrededor del año 1620
se afinca definitivamente en Antequera, aquejado siempre
por enfermedades. Falleció el 14 de Agosto de
1625. Desaparecía un gran creador, el discípulo
más importante de Pablo de Céspedes, quien
al morir en 1608 había dejado las semillas de
su arte, introductor del manierismo renacentista italiano
en tierras andaluzas, en manos de Antonio Mohedano.
Como su maestro, fue también notable poeta creador
de bellos sonetos.
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