El cante
de Lucena es esencialmente malagueño, a
pesar de ser una ciudad puramente Cordobesa. El fandango
de Lucena está íntimamente emparentado con
los verdiales en sus tres variantes estudiadas, pues son
dos los fandangos lucentinos que conocemos. Uno, el que
engrandeció Cayetano Muriel y que fue por él
difundido; otro, ahora olvidado, en actual fase de extinción,
muy apegado a la verdial adscrito a la zona limítrofe
malagueña-cordobesa que se canta en tono grave
y a los cantes del oriente andaluz (cartagenera sobre
todo), o, al menos, tal se nos presenta en las interpretaciones
que de él hicieron "El Niño de Escacena"
y Pastora Pavón, "Niña de los Peines".
No hay, pues, la menor duda de que nos encontramos ante
una derivación de los verdiales.
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No podemos asegurar
nada respecto a la época de su formación.
Lo cierto es que en la comarca hay diversas modalidades
del mismo cante, tales corno los "zánganos"
de las huertas del Genil y los fandangos, ya casi perdidos,
de Herrera (prov. de Sevilla). Todo lo cual permite asegurar
que el siglo XIX conoció los fandangos lucentinos.
Su acompañamiento a la guitarra es el mismo de
las "verdiales" y, como ellas, es un cante "ad
libitum". Pero los fandangos lucentinos son más
cortos y enérgicos, y desarrollan una variación
de la melodia característica de las verdiales del
tipo más frecuente ("Hay una laguna clara
entre Córdoba y Lucena...") y que es costumbre
yuxtaponerlo -impropiamente- al cante de la Serrana.
La riqueza melismática,
la tendencia al cante "ad libitum" la relajación
del compás, la inclinación al "andante",
infringiendo espontáneamente los "tempos"
canónicos, la vocación melódica
con riesgo de transformar el "cante" en "canto",
la arbitrariedad y la minimización del "ay",
la frecuente disociación o divorcio del cante
y la guitarra y la inhabilidad de las palmas, son características
del triángulo malagueño-cordobes.
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| Ricardo
Molina clasificaba los fandangos de Lucena en tres grupos,
según el contenido de sus letras: |
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1.
Fandangos bufos y picantes. Muy numerosos y notables,
fueron los preferidos del cantaor Rafael Rivas:
"Son satíricos, jocosos, burlescos, incluso
desvergonzados con frecuencia, pero sin hiel, buscando
sólo producir la risa y el optimismo."
2. Fandangos amorosos. Llenos
de ingenua gracia y ternura, "trascienden en ocasiones
a inocente idilio de égloga o bucólica".
3. Fandangos descriptivos.
De inspiración localista casi siempre. Aluden a
rincones, parajes, devociones (Virgen de Araceli), costumbres
de la ciudad.
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Entre
los maestros
del Fandango de Lucena destacan Rafael Rivas, Dolores
"La de la Huerta", Paco de Lucena, Paco Muñoz
Hidalgo, "Niño de Lucena", Antonio Ranchal
y Álvarez de Sotomayor o Curro Lucena.
Dolores "la de la Huerta" cantaba fandangos
que ella misma se acompañaba con su guitarrillo,
sin falsetas ni variaciones, que asi es el fandango: |
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Abre
la flor su capullo,
la besa el sol con sus rayos,
yo te abrí mi corazón,
tus ojos lo marchitaron. |
| Rafael
Rivas, siguiendo la corriente popular de su pueblo, se
orientó hacia las letras jocosas y satíricas,
la siguiente que se le atribuye da cumplida idea del tono
bufonesco de su cante: |
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Quisiera
tener de lomo
la barriga prevenía
y de longaniza el colmo,
diciendo con alegría:
¡Venga vino, que ''majogo"! |
| No
podemos pasar por alto la inclinación del fandango
lucentino a las letras burlescas y mordaces. Por ejemplo:
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La
mujer que a su marío
toma en aborrecimiento
o está loca del sentio,
o es que quiere otro instrumento
que le dé mejor sonío. |
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Un
novio pidió a su novia
agua por una gatera,
lo que yo no pueo
decir es lo que el novio le dio a ella
porque yo no estaba allí |
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